Sueño. Creo que tengo sueño. Por primera vez en cuatro años tengo sueño. Pero precisamente ahora no puedo perder ese tiempo. Ahora que mi proyecto está a punto de despegar debo mantenerme más despierto que nunca...
Siempre tuve problemas para conciliar el sueño. Los tuve de niño, en la adolescencia, y no mejoraron cuando crecí. Por eso en la universidad me presenté voluntario para someterme a unas pruebas para el estudio de las ondas cerebrales durante el sueño. No me curaron, pero todas aquellas noches despierto, viendo cómo se registraba mi encefalograma en el papel continuo, me dieron ideas. Así fue como de los cuatro tipos de señales cerebrales que tienen lugar durante el sueño, alfa, beta, theta y delta, me especialicé en el análisis de las ondas theta, de calma profunda o semiinconsciencia. Me hice médico y decidí tomar el camino opuesto a todos mis colegas, quienes se empeñaban en reproducir o emular las ondas del sueño profundo. ―¿Por qué crear algo que ya existe?― me dije. Decidí literalmente capturar ondas de sueño.
Después de algunos años desarrollé un equipo de microondas inverso capaz de captar ondas cerebrales y funcionó. Bueno, funcionó aunque no del modo que había imaginado. Yo esperaba poder capturar y almacenar el sueño de personas sin problemas para dormir para que los insomnes pudiesen -pudiésemos- disfrutar de él. Pero el resultado fue el contrario. Sin presupuesto ni el prestigio necesario para convocar a un equipo de voluntarios en los que experimentar, dirigí mi microondas inverso hacia los apartamentos de mis propios vecinos y descubrí tres importantes hechos. El primero es que no se pueden almacenar ondas cerebrales. Las ondas deben transferirse de una persona a otra persona “en tiempo real”. En segundo lugar, que sólo pueden capturarse ondas de personas despiertas. Y el tercero y más importante, es que esas ondas robadas a mis vecinos despiertos sirven para librarme de mi propio sueño y mi cansancio. Ahora sigo sin poder dormir, pero ya no siento sueño, ni estoy cansado, porque capturo la vitalidad y energía de quienes están despiertos. ¡He encontrado la cura no solo para el insomnio, sino para el sueño! Ahora puedo seguir trabajando sin descanso las 24 horas del día. ¡Pronto mi descubrimiento salvará a la humanidad del sueño! Y eso será antes de lo que yo mismo hubiera podido imaginar.
Progresé sólo y en secreto dedicándome por entero a mi proyecto, hasta que una manipulación cuidadosa de mis métodos y resultados llamó la atención a algunos de los decanos más jóvenes y heterodoxos de mi antigua facultad. Así fue como logré que me permitieran sumarme a ellos para realizar algunos experimentos de campo. No sé ni me importa cómo demonios pudieron ellos conseguir el apoyo y la financiación de un nuevo grupo de jóvenes ecologistas. Unos fanáticos sin duda. Otro grupo de pirados. Se hacen llamar Nueva Glaciación y dicen que tienen grandes esperanzas de mis investigaciones. ¡Qué ilusos que son todos ellos, porque piensan que quiero monitorizar el sueño! ¡Y qué estúpidos, porque no saben que lo que quiero en realidad es robarlo!
El proyecto ahora casi es perfecto. No les necesito. A ninguno de ellos. Es cierto que cuando empecé a capturar el sueño solo necesitaba 8 personas al día para mantenerme despierto, y que hasta hoy he tenido que doblar esa cifra varias veces. Por alguna razón mi consumo de sueño crece exponencialmente en el tiempo y hoy ya necesito casi medio centenar de donantes por día. Pero no importa, estoy seguro de que esto es algo pasajero, y que esa cifra pronto volverá a reducirse. ¿Será una droga estar despierto? ¡Qué me importa! Necesito documentar mejor mi trabajo y mis experimentos. Necesito ampliar el número de esos voluntarios despiertos para que me den su sueño, porque vuelvo a estar cansado. Tengo sueño. Debo volver a doblar los donantes pronto. Y por suerte mañana todo estará resuelto.
Todavía no puedo creer que esos ecologistas me hayan invitado a montar un prototipo de mi microondas inverso en el lanzamiento de su próximo satélite para estudio del clima. Así podré llegar a miles de personas. Quizá millones. Y así podré volver a seguir despierto. Pronto daré con la cura del insomnio y me lo agradecerá la humanidad entera.
***
¿Has llegado a este relato sin leer la primera parte? Descubre ahora el futuro que le espera a la humanidad en Sueño.
Comentarios
Publicar un comentario